viernes, 30 de julio de 2010

Tal como fuimos


Si pasáis este verano (o en otoño, qué más da) por Burgos, no dejéis de acercaros al Museo de la Evolución Humana, que abrió sus puerta hace apenas quince días. En él, de forma didáctica pero rigurosa, se explican y exponen todos los hallazgos que han ido saliendo a la luz durante los últimos tiempos en la burgalesa y ya famosa Sierra de Atapuerca, posiblemente el yacimiento de su especie más importante del planeta. Ocurrió hace miles de años, nos resultan ajenos, pero –en el fondo– eran tan humanos como nosotros. Les preocupaban las mismas cosas, sonreían, abrazaban a sus hijos y echaban de menos a sus seres queridos cuando estos morían. Así fuimos y así seguimos siendo... por ahora.

miércoles, 28 de julio de 2010

Libros para el veranito


Estos son algunos de los libros que nos vamos a llevar este verano a la playa la gente que trabaja en Esquire. Aún no nos los hemos leído, así que al menos os decimos por qué nos han llamado la atención.

De qué hablo cuando hablo de correr, de Haruki Murakami (Tusquets); “A Murakami le flipa correr, la comida y el jazz. Dos de tres (en cuanto a mis gustos se refiere), pero –no sé por qué– creo que este ensayo me va a gustar”.
The Wire: 10 dosis de la mejor serie de televisión, de VV AA (Errata Naturae); “Soy un loco perdido de esta serie, la bomba. Nada más ver la portada, quise este libro”.
Principiantes, de Raymond Carver (Anagrama); “Carver es Carver. Punto final”.
A sus plantas rendido un león, de Osvaldo Soriano (Seix Barral); “No he leído nada de Soriano, pero me lo ha recomendado mucha gente (sobre todo, futboleros). Me apetece mucho ver qué tal escribe”.
Sentido y sensibilidad y monstruos marinos, de Jane Austen y Ben H. Winters (Umbriel); “En Navidades me regalaron el de Orgullo y prejuicio y zombis; me gustó, así que ahora le voy a dar a éste, que parece del mismo estilo”.
Tres maneras de volcar un barco, de Chris Stewart (Salamandra); “No, lo confieso; no he leído Entre limones. Y eso que mi novia no para de darme la brasa con él. Le he prometido empezar con Stewart este verano”.
Soy un gato, de Natsume Soseki (Impedimenta); “Me encantan los gatos y siempre había oído que todo amante de los felinos debería leer esta novela. En cuanto me enteré que la publicaban en castellano, la compré”.
Bajo el influjo del cometa, de Jon Bilbao (Salto de Página); “En la playa, soy más de leer cuentos que novela. Los de este asturiano no son nada típicos”.
Historias chinas, de Ramón Martínez (Península); “Estoy preparando para septiembre un súper viaje a China y me han comentado que este libro es de lo mejor que hay sobre el tema. Se nota que el autor sabe de lo que escribe”.
Cracovia sin ti, de Carlos Salem (Imagine); “Desde que le descubrí, leo todo lo que Salem publica. Un monstruo”.

lunes, 26 de julio de 2010

Planazos de verano: Santander Amstel Music

Seguro que muchos reconocéis en la foto la playa de la Magdalena de Santander. Pues bien, en la campa anexa estuvimos nosotros el viernes pasado disfrutando de la segunda jornada del Santander Amstel Music. Imaginaros el panorama: zona VIP, amigos cerca, atardecer, buena temperatura, las olas rompiendo a pocos metros, unas copillas... Sí, la vida a veces puede ser maravillosa.

¿Os hemos contado que además había conciertos? ¡Y vaya nivel!
Aunque nos quedamos con las ganas de pasarnos a ver un rato a Delorean, no nos perdimos el plato fuerte de la noche, Belle & Sebastian, y a fe que los autores de temazos como The boy with the arab strab o Expectations cumplieron sobradamente con su papel de estrellas de cartel. Aún así, la (relativa) sorpresa la dio la banda más cool de Bélgica, Vive la Fête, quienes consiguieron que el subidón se alargara un par de horas más (normal que no pudieramos parar nosotros de bailar tampoco, como demuestra la foto de abajo). Una noche inolvidable... y que esperamos que se repita el año que viene (por Diego Martínez).

viernes, 23 de julio de 2010

Kristofferson en Donosti


Este fin de semana, Kris Kristofferson dará un concierto en Donosti. Es la primera vez que el cantante tejano toca en nuestro país (y mira que lleva años al pie del cañón). No habrá muchas más oportunidades de ver en directo a este mito del country y actor de mandíbula afilada, ojos chiquititos y pómulos prominentes. Y no porque se encuentre mal de salud, sino porque el viejo Kris hace tiempo que salió del circuito convencional. En el Esquire de este mes, Javier Márquez Sánchez escribe un artículo sobre él y dice así:

Los suyos no son conciertos para dar botes, ni siquiera para corear a la luz de los infames mecheros (hoy teléfonos móviles). “El materialismo obsesivo frente al corazón olvidado, ése es mi mundo”, explica el artista en una suerte de resumen de lo que ofrece. Sus recitales son para escuchar, emocionarse y reflexionar sobre esas cosas por las que vale la pena luchar: “Las cuatro claves de la vida: libertad, justicia, piedad y verdad. Ésa es mi forma de pensar. Di la verdad, canta con pasión, trabaja con una sonrisa, ama con el corazón. Porque al final, eso es todo lo que importa”.


martes, 20 de julio de 2010

De copas con Jay


Leyendo el blog gourmet de Esquire (sí, qué pensabais, ¿que no nos leemos entre nosotros?), me ha sorprendido una noticia sobre Monvínic, el wine bar de Barcelona, que ha sido elegido por el crítico de vinos del Wall Street Journal como el mejor del planeta. Lo que me ha sorprendido, más que la elección, es el nombre del crítico Jay McInerney. He tenido que buscarlo en internet para cerciorarme, pero sí, no es una casualidad.
Jay McInerney fue uno de los niños bonitos de la literatura norteamericana de principios de los ochenta. Compañero de juergas de Bret Easton Ellis (foto de arriba, Jay es el de la dcha.), Jay firmó en 1984 una novela más que destacable sobre el Nueva York cool de niños pijos y cocainómanos, una obra que reflejaba perfectamente el nacimiento del movimiento yuppie. Aquí la tradujeron como Luces de neón, aunque en inglés se titulaba Brights lights, big city. Fue todo un cañonazo. McInerney saltó al estrellato e incluso hicieron una peli basada en su libro con Michael J.Fox (entonces en la cresta) de protagonista y una banda sonora repleta de éxitos tecno ochenta (vídeo de abajo).
Luego, la estrella de McInerney se fue apagando (al menos, la literaria). Yo le había perdido la pista pero resulta que ahora me lo reencuentro, 25 años después, como unos de los críticos de vino más influyentes del planeta. En sus días, se bebió el Nilo, pero desconocía esta faceta suya. Sorpresas te da la vida (por Daniel Entrialgo).


viernes, 16 de julio de 2010

Pero qué 'quinqui' eres


El Vaquilla (alegre bandolero), Torete, el Pepsicolo... Los que crecimos en los ochenta aún sonreímos cuando recordamos aquel cine de Perros callejeros que inundó las pantallas de los cines de barrio, entre coplillas de los Chichos, atracos a farmacias y persecuciones a todo gas a bordo de un Seat Supermirafiori puenteado.

Tras un exitoso paso por Barcelona, La Casa Encendida de Madrid acoge hasta finales de agosto una estupenda exposición sobre el universo quinqui, su origen, su procedencia, su influencia en el cine y los medios de comunicación... Nostálgica y divertida. Muy recomendable. (por Daniel Entrialgo)


miércoles, 14 de julio de 2010

Perico y el 'tío del mazo'


Hacía tiempo que no vivíamos un Tour de Francia tan entretenido. El duelo entre Contador y Schleck (Armstrong demostró hace días que segundas partes nunca fueron buenas) promete ser uno de los mejores de las últimas ediciones. No es mal plan pasar la tarde en casa, fresquito, viendo etapas de montaña y escuchando en la tele los acertados comentarios del bueno de Perico Delgado. Este mes en Esquire, coincidiendo con la cita gala, entrevistamos al campeón segoviano para nuestro En esto creo. He aquí algunas de sus perlas:

–Mis Tours eran épicos. Las carreteras eran malísimas, el asfalto se derretía, no había tanto público, ni venían tantas teles. A veces dormíamos en colegios mayores. Nos ponían en literas y separaban a los equipos con mantas y cuerdas. Y ahí te pasabas la noche, oyendo los pedos de todo el pelotón.

–Ahora los ciclistas van con pinganillo y todo está medido al segundo. No hay posibilidades de montar emboscadas. En mi época, un día perdías 10 minutos pero al siguiente recuperabas 12. Era un ciclismo más romántico.

–Haber sido ciclista te ayuda a entender situaciones que otros no comprenden. Hay que saber qué se siente subiendo esos puertos para adivinar quién va bien y quién ha tenido la visita del tío del mazo. Porque una pájara en 2010 es igual que en 1983.

(texto completo en el Esquire de este mes)